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Efecto de la inflamación crónica en la fertilidad

23 de febrero de 2026 · Yolanda Fernández Perea

La inflamación es la respuesta que da nuestro organismo a través del sistema inmune ante una lesión o una infección como método de defensa. Y, cuando hablamos de inflamación crónica, es porque esta respuesta persiste en el tiempo durante semanas, meses o incluso años pudiendo dañar tejidos sanos en lugar de protegernos.

¿Qué es la inflamación crónica y cómo se detecta?

La inflamación crónica es una respuesta persistente del sistema inmunológico que se mantiene en el tiempo y que, a diferencia de la inflamación aguda, no tiene una función reparadora clara. Mientras que la inflamación aguda aparece de forma puntual ante una infección o lesión y desaparece cuando el problema se resuelve, la inflamación crónica puede prolongarse durante meses o años, generando un estado de activación inmunitaria de bajo grado que acaba dañando tejidos y alterando funciones fisiológicas, incluida la reproductiva.

Se caracteriza por una liberación continua de mediadores inflamatorios   — como citoquinas y radicales libres —   que pueden interferir con procesos hormonales, metabólicos y celulares. Puede estar asociada a enfermedades autoinmunes, infecciones persistentes, endometriosis, obesidad, síndrome de ovario poliquístico, estrés prolongado o hábitos de vida poco saludables. Detectar la inflamación crónica puede ser complicado, ya que no siempre produce síntomas evidentes, y es necesario combinar pruebas clínicas y analíticas.

Síntomas, causas y pruebas asociadas

La inflamación crónica suele manifestarse de forma silenciosa y poco específica, lo que dificulta su identificación. Sin embargo, es frecuente que las pacientes afectadas combinen los siguientes síntomas de manera prolongada en el tiempo:

  • Cansancio persistente. Es uno de los más habituales. La activación constante del sistema inmunitario consume energía y altera el equilibrio hormonal y metabólico, lo que provoca una sensación de fatiga que no mejora con el descanso. Este cansancio puede afectar al rendimiento físico y cognitivo.
  • Dolor o rigidez articular. La presencia continua de sustancias inflamatorias puede irritar articulaciones, músculos y tejidos conectivos. Esto se traduce en dolor difuso, rigidez matutina o molestias que empeoran con el reposo prolongado, incluso en ausencia de una enfermedad reumática claramente diagnosticada.
  • Problemas digestivos o metabólicos. La inflamación crónica también puede alterar la mucosa intestinal y el microbiota, favoreciendo síntomas como hinchazón, diarrea, estreñimiento o intolerancias alimentarias. A nivel metabólico, se asocia con resistencia a la insulina, alteraciones del colesterol y mayor dificultad para regular el peso.
  • Cambios en peso o apetito. El estado inflamatorio mantenido interfiere con las hormonas que regulan el hambre y la saciedad, lo que puede provocar tanto aumento como pérdida de peso no intencionada. También puede generar cambios en el apetito, antojos o rechazo a ciertos alimentos.
  • Fiebre baja o febrícula prolongada. Una elevación ligera y persistente de la temperatura corporal refleja la activación continua del sistema inmunitario. Aunque no suele ser elevada, esta febrícula mantenida es un signo clásico de inflamación crónica o de procesos infecciosos o autoinmunes subyacentes.

Síntomas más comunes de la inflamación crónica

Entre las causas más frecuentes de la inflamación crónica destacan las siguientes:

  • Infecciones persistentes. Por ejemplo, tuberculosis o hepatitis.
  • Enfermedades autoinmunes. Por ejemplo, artritis reumatoide o lupus.
  • Exposición prolongada a irritantes. Por ejemplo, humo del tabaco, polvo o químicos.
  • Inflamación metabólica. Asociada a obesidad o resistencia a la insulina.
  • Estrés crónico y malos hábitos de vida. Por ejemplo, falta de sueño, dieta rica en ultraprocesados, consumo excesivo de alcohol o sedentarismo.

Por otra parte, entre los marcadores más utilizados para detectar la inflamación crónica destacan:

  • Marcadores inflamatorios. PCR, VSG, IL-6, TNF-α.
  • Estudios de endometrio. Biopsia endometrial o histeroscopia (para descartar endometritis crónica).
  • Ecografía pélvica o RM. Para evaluar endometriosis, quistes o lesiones inflamatorias.
  • Pruebas autoinmunes. ANA, anticuerpos antifosfolípidos, TPO (tiroides).

El diagnóstico de esta enfermedad puede resultar complejo, por lo que suele ser necesario recurrir a una combinación de pruebas clínicas y analíticas.

¿Cómo impacta en la fertilidad femenina?

En el contexto de la fertilidad, identificar un estado de inflamación crónica resulta clave, ya que puede afectar al equilibrio hormonal, la ovulación, la calidad ovocitaria, la implantación embrionaria y el desarrollo temprano del embarazo.

Alteración del equilibrio hormonal:

  • Las citoquinas inflamatorias (IL-6, TNF-α, etc.) interfieren con el eje hipotálamo–hipófisis–ovario, alterando la producción de estrógeno y progesterona.
  • Esto puede provocar ciclos menstruales irregulares o incluso anovulación (ausencia de ovulación).

Daño en el endometrio:

  • La inflamación crónica del útero o de la pelvis (por ejemplo, endometritis crónica o enfermedad inflamatoria pélvica) puede impedir que el embrión se implante correctamente.
  • Aumenta el riesgo de infertilidad, abortos tempranos o fallos de implantación.

Enfermedades inflamatorias relacionadas con la fertilidad:

  • Inflamación del tejido endometrial fuera del útero; altera la ovulación, la fertilización y la implantación.
  • Síndrome del ovario poliquístico (SOP). Inflamación de bajo grado y resistencia a la insulina que alteran la ovulación.
  • Enfermedad inflamatoria pélvica (EIP). Puede crear adherencias que provoquen obstrucciones de las trompas de Falopio que impide el paso del óvulo.
  • Trastornos autoinmunes (como lupus o tiroiditis de Hashimoto). Inflamación sistémica que interfiere con la función ovárica y la implantación.

¿Qué enfermedades inflamatorias se relacionan con la fertilidad?

Por ello, la detección precoz de la inflamación crónica permite plantear estrategias terapéuticas y cambios en el estilo de vida orientados a mejorar el entorno reproductivo.

Ovulación, calidad ovocitaria e implantación

La inflamación crónica también puede tener un impacto significativo en otros aspectos de la fertilidad femenina, especialmente sobre los ovarios:

  • La inflamación crónica puede afectar la maduración de los óvulos y la ovulación.
  • En pacientes que sufren el síndrome de ovario poliquístico (SOP), se produce una inflamación de bajo grado que altera la señal de insulina y las hormonas sexuales, dificultando la ovulación.
  • También puede reducir la calidad ovocitaria al generar estrés oxidativo   — que se trata de daño celular por radicales libres —.
  • Puede provocar alteraciones en la implantación embrionaria, porque, para que el procedimiento sea exitoso, se requiere un endometrio receptivo y un equilibrio inmunológico muy preciso. En este caso, la inflamación crónica puede dificultar el proceso o aumentar el riesgo de fallos repetidos de implantación y pérdidas gestacionales tempranas.

En conjunto, la inflamación crónica puede comprometer varias etapas clave del proceso reproductivo femenino.

Alimentación y estilo de vida como causa y solución

La alimentación y el estilo de vida juegan un papel clave tanto en la prevención como en la reducción del impacto de la inflamación crónica sobre la fertilidad. Y, aunque no siempre resulta posible eliminarla por completo, adoptar hábitos saludables puede disminuir significativamente su efecto negativo sobre los ovarios, los óvulos y el endometrio. Algunos de los más eficaces son:

  • Controlar el peso y resistencia a la insulina.
  • Evitar tóxicos y hábitos nocivos. Tabaco, alcohol en exceso y exposición a contaminantes favorecen la inflamación y el daño oxidativo en los ovocitos. Reducir o eliminar estos factores mejora el entorno reproductivo.
  • Control del estrés y sueño de calidad. El estrés crónico y la falta de descanso aumentan la producción de cortisol y citocinas inflamatorias. Las técnicas de relajación, la meditación y un descanso adecuado pueden reducir la inflamación y favorecer la regulación hormonal.
  • En algunos casos, tratamiento médico o antibiótico (si hay infección subyacente) o inmunomoduladores en caso de trastornos autoinmunes diagnosticados.

Dieta antiinflamatoria

Seguir una dieta antiinflamatoria es un factor vital y uno de los aspectos que más efectos positivos tiene a la hora de combatir la inflamación crónica:

  • Alimentación rica en frutas, verduras, frutos secos, legumbres, pescado azul y aceite de oliva aporta antioxidantes y ácidos grasos omega-3
  • Evitar alimentos ultraprocesados, azúcares refinados, grasas trans y exceso de carnes rojas puede reducir marcadores inflamatorios como la PCR y el TNF-alfa.
  • De este modo, ayudamos a nuestro organismo a neutralizar radicales libres y disminuir la producción de citocinas inflamatorias.

Los beneficios de la alimentación en la fertilidad son notables y van desde la mejora de la calidad ovocitaria, hasta favorece la regularidad ovulatoria y potencia la receptividad endometrial.

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